Las mujeres tenemos una tendencia natural a contarnos las cosas con todo lujo de detalles.
Le he dicho que estoy bien. No se si me ha creído, porque se ha pasado dos minutos sin respirar, descuartizándote a golpe de palabras.
Nadie se explica como he podido dedicar tres años de mi vida a amarte como si lo merecieras.
Yo tampoco.
Cuando he colgado me he tirado dos horas rebuscando en cajas, cajitas y cajones a ver dónde puñetas dejé mi amor propio cuando te conocí...






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