Me costaba vivir, caminar y sonreír sin besarlo y me costaba vivir, caminar y sonreír cuando lo hacía.
Fue la historia eterna de un empate entre la felicidad y la tristeza, con una derrota definitiva que hoy parece una victoria para ambos porque hemos sabido encontrar otro lugar donde quedarnos...pero que durante años me trajo una sensación de la derrota inasumible.
El motor se gripaba, arrancaba y se calaba, éramos solo dos inexpertos conductores cagados de miedo y de deseo, conduciendo en dirección prohibida hacia la nada, hacia el mundo.
Tejimos una historia de amor con tantos nudos que no supimos volver a convertir el amor en madeja para usarlo de otra manera.
Nos queríamos tanto pero con tanto miedo...que no supimos que hacer con ello





