No sabían que ella nunca lloraba, nunca suplicaba, nunca mostraba sus miedos, o al menos, nunca donde alguien pudiera oírla.
La habían curado de aquellas debilidades mucho tiempo atrás:
-Deja de llorar o te daré razones para hacerlo.
Era una frase que había oído con frecuencia los primeros años de su vida, generalmente seguida de acciones que hicieron que se diera cuenta que las palabras no eran una amenaza vana, sino una promesa...





0 comentarios:
Publicar un comentario