Hey despierta, aún es de noche pero es una noche preciosa de esas que te encantan, despierta pero no hagas ruido, habla como yo que te hablo en voz muy baja porque es muy importante y las cosas muy importantes solo se pueden decir en voz baja.
Despierta, porque me voy, y te tienes que despedir de mí, me voy no sé a dónde porque esa es la clase de cosas que nunca sé, escúchame, no es necesario que digas nada, me voy porque no me puedo quedar, sería peor, sabes que la estabilidad no es para mi ahí fuera hay gente dispuesta a eso y dispuesta a muchísimo más, no estés triste, perdona por despertarte, ha sido la noche, no he podido evitarlo, no quería despedirme de nadie, sabes que no soporto las despedidas pero me marcho, y es injusto que trate de convencerte de que he sido feliz, de que lo soy, de que tengo que seguir el camino, ahora te miraré de lejos, te voy a echar muchísimo de menos allá donde coño sea que vaya y deja por favor de mirarme así, sabes que conmigo te apagarías, que no soy de esa clase de persona, claro que he sido feliz, de repente un día miré a lo lejos y allí estabas con tu sonrisa de Duchenne , ni siquiera quería otra cosa que seguir allí mirándote, me ha pasado tantas veces eso que algún día maldeciré la noche por su incapacidad para detener el tiempo, cuando sea vieja seguiré fumando en las cunetas y hablándole de ti a las montañas, contaré de tus ojos y de tu amor y seremos muchísimo más que aquella fugaz explosión que ocurrió la primera vez que nos vimos, tú olías a primavera y sabías a nostalgia de vino, ¿recuerdas?, gracias por haberme dejado compartir este trozo de viaje contigo, no hay nada que te detenga ahora, nunca lo hubo, ni siquiera estos brazos de poca monta que alguna vez se vieron en el privilegio de sostenerte, mira la vida, está dando saltos impaciente de que la saques a pasear cada mañana, como si nadie supiera lo mucho que tienes que ver con el brillo del agua en los estanques, con los cisnes que dejan un rastro de silueta mojada tras nuestras huellas, mira la vida mirándote y dame un beso de fuerza y de hasta luego, mañana por la mañana, cuando vuelva a aparecer la gran bola por el anfiteatro del mundo, tú volverás a sonreír y poner un algo de instinto en los rostros de la gente, yo me encenderé un pitillo, allá donde vaya, y sin mirar hacia atrás, nunca, hacia atrás, soñaré con encontrarte en las próximas luces del camino...






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